Los peces en el río (Crónicas del Grinch II, 4)

Los peces en el río[1]

Hay personas que persiguen un sueño desde muy pequeñas. La cocina de la vida nos enseña que detrás de un buen guiso hay siempre mucho tiempo y esfuerzo, que hay cosas que debemos estar dispuestos a hacer antes de emplatar.  Muchas personas no lo aceptan y renuncian a su sueño. Pero algunas,  llegado el momento de la verdad, aprietan los puños y saltan al vacío, seguros de que el secreto está en la salsa.

Jordi Esquinat i Somport siempre había soñado con asistir al cóctel de navidad de La Pinta d’argent[2],referencia gastronómica obligada de la capital, del país y, según algunos críticos, del mundo entero en los últimos cuarenta años. 

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Ven a mi casa esta Navidad (Crónicas del Grinch II, 3)

New Year fireworks and champagne

Lo peor de la Navidad es el recuerdo de los que ya no están. Por otra parte, nos gusta pensar que es el momento de olvidar  las afrentas, los enfados, los desencuentros de todo el año o quizás de una vida. Lo importante es que nuestra mesa no esté vacía en Navidad.

—¿Has hecho todo tal como acordamos, Alf? —dijo el anciano de pelo blanco sentado en medio del salón sumido en sombras. Más allá de los cristales, la noche se vestía de luces de colores. Era nochebuena en la gran ciudad.

—Sí, Nikos. El sistema de defensa está desactivado —dijo el mayordomo dejando una botella de champán y dos copas sobre la mesa .

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El pequeño tamborilero (Crónicas del Grinch II, 2)

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El pequeño tamborilero[1]

El aroma a misterio y maravilla  tiene algo de adictivo para nosotros.  En su persecución arrostraremos cualquier riesgo, y nuestro corazón latirá acompasado al ritmo que nos señala el camino. Al fin y al cabo, como todo el mundo sabe, desde niños adoramos los tambores.

Tomás necesitaba aire fresco. Todavía faltaba media hora y contemplar las caras de los otros le suponía una tortura. No soportaba aquella expresión de consuelo y desesperanza. Normalmente lo sobrellevaba bastante bien, pero hoy era la primera nochebuena.

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Una senda con polvo de estrellas (Crónicas del Grinch II, 1)

Starry Night RoadLa juventud y la madurez, el idealismo y la experiencia, la ira y la paz. ¿Son entidades reales o solo metáforas con las que pretendemos capturar lo inexplicable? En todo caso, están condenadas a entenderse, aunque para ello siempre haya que pagar un precio, que es solo otra metáfora. Quizás también lo sea la Navidad.

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EL REGRESO DEL GRINCH (Crónicas del Grinch II. Una Navidad transgresora ).

portada cronicas grinch wattpad

Aquí estoy de nuevo, como cada Navidad, y vengo con más relatos navideños transgresores, o como mínimo atípicos. Son ideas que me bullen en la cabeza y hasta que no las extirpo en forma de relatos no me dejan dormir.

Como sabéis se trata de relatos sin relación entre ellos salvo que tienen como germen inspirador un villancico, un Christmas Carol (adoro las canciones navideñas anglosajonas y alemanas). Intento escribir uno cada día, preferiblemente antes de dormir, con poca o ninguna edición. Espero que os entretengan.

PS: por si queréis visitar los relatos de Crónicas del Grinch 2017, aquí tenéis el enlace: Forever Christmas Eve.      

FELIZ NAVIDAD A TODOS. MERRY CHRISTMAS.

 

¡País! Homenaje a Forges

forges viñeta
http://www.pressdigital.es/texto-diario/mostrar/1013987/muere-forges-dibujante-mejor-retratado-historia-espana

El dibujante Forges falleció el pasado 22 de febrero. Desconozco cómo de conocido es allende los mares, entre nuestros compañeros de idioma y cultura, pero en la madre patria –a veces madrastra, como reza el poema de Blas de Otero y la magnífica canción cantada por Ana Belén– Forges es un personaje y una persona insustituibles. Concluía muchas de sus viñetas al grito de ¡País!, refiriéndose a la resistencia de la sociedad española a abrazar los cambios de nuestro tiempo.

Se ha ido Forges. Lo escribo y lo releo y me sigue pareciendo imposible, como si fuera otra de sus viñetas, como si entre Gila y él nos estuvieran gastando una última broma. Pero no. La realidad no muestra clemencia alguna ni siquiera con los más grandes y entrañables. Tendremos que hacernos a la idea. Forges nos ha dejado. Él ya cumplió su parte, más que de sobras, ahora nos toca a nosotros recoger el testigo, seguir adelante, por él y por nosotros. La lista de los que nunca olvidaremos comienza a ser ya demasiado larga y dolorosa, signo inequívoco de que nos hacemos mayores.

Creo poder afirmar que para los de mi generación, Forges nos ha acompañado toda la vida. Cumpliré cincuenta años en mayo y no recuerdo un momento en que no conociera las viñetas de Forges, su visión siempre certera sobre nuestra realidad, compasiva y crítica a partes iguales, y su optimismo a pesar de todas las razones para desesperar.

Me dedico a la medicina desde hace más de treinta años, y puedo afirmar que sus viñetas sobre el mundo sanitario eran atinadas  y reveladoras a un tiempo, como si fueran hechas por un compañero de tantas guardias. Nunca supe de donde procedía su conocimiento de la vida en los quirófanos y los hospitales, supongo que a través de algún amigo perteneciente a este mundillo que habito. Tampoco es que importe demasiado.

Forges se ha ido, y ahora por fin empiezo a hacerme a la idea. Las veces, más frecuentes a medida que uno se hace mayor –vaya palabrejo-  en que la vida nos parece injusta, absurda, deleznable y sin valor, me basta con recordar a Forges y a otros como él para reconfortarme en el pensamiento de que no estamos solos en este valle, de que vale la pena arrostrar la vida y su sin sentido solo por conocer a esas personas. No sé si en el más allá nos espera algo más que volver a ser materia de estrellas, pero al menos aquí abajo hemos conocido a Forges. Con tanta palabra me ha entrado hambre. Creo que me comeré un bocata –término que él acuñó– a su salud.

En memoria de Antonio Fraguas, siempre Forges.

Que la tierra le sea leve.