Rutas oscuras 

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Cabalgamos una montaña rusa llamada tecnología, creyendo tener el control, mas somos incapaces de variar el rumbo de nuestra vagoneta, condenada a seguir la vía o descarrilar. Ensoberbecidos, declaramos resuelto el problema que  obsesiona a los filósofos desde los tiempos de Platón: qué es la realidad. Adictos a las sombras virtuales que hemos creado, no deseamos abandonar nuestra caverna. Por suerte, algunos  rechazan la dictadura de lo establecido para recordarnos que el infierno no son los otros.

Era poco probable tropezarse con algún conocido. Lo verdaderamente importante era evitar las cámaras. La videovigilancia cubría la totalidad de la ciudad, de todas las ciudades. La propaganda oficial se ufanaba de garantizar la seguridad de los ciudadanos donde quiera que se hallasen. Carlos, como todo el mundo, así lo había creído hasta unas semanas atrás, cuando supo de la existencia de lugares fuera del ángulo de visión de las cámaras. Seguir leyendo “Rutas oscuras “

La bruja del acantilado

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La mezquindad y la malicia, especialmente si van de la mano de la ignorancia y la necesidad son malas consejeras a la hora de tratar al diferente. Muchas veces tales personas se convierten en blanco del desahogo de nuestras vidas insatisfechas y miserables.

Os aseguro que nunca he conocido a una vieja que corriera tanto con una pata de palo. Me diréis que no es algo frecuente ahora, pero tampoco cuando yo era niño. Mi memoria no es la que era, y menos con el gaznate seco. Así está mejor, os estoy agradecido. Seguir leyendo “La bruja del acantilado”

No soy yo. Eres tú

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Hay cosas que nunca cambian y otras que cambian demasiado. Pero siempre será una verdad universalmente aceptada que las relaciones pasan por momentos difíciles.

George aborrecía que Ari lo tratara así. En momentos como aquel odiaba, más que nunca, ser incapaz de abrazarla y que ella tampoco lo hiciera. Habían pasado tantas veces por lo mismo. Seguir leyendo “No soy yo. Eres tú”

Jolly house (1 min)

 

mansion antigua
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¿Quién no ha deseado ser niño para siempre?

Amado diario:

A veces querría que la guerra no acabara nunca. Sé que eso no lo piensan las niñas buenas, pero si dejan de tirar bombas sobre Londres papá y mamá volverán a buscarme, y yo quiero vivir en Jolly House con mis abuelitos para siempre.

Por la mañana el sol me despierta y yo aprieto los ojos y veo figuritas brillantes. Luego abro la ventana y saludo a Rhys que saca a las vaquitas. Después bajo las escaleras que hacen crac-crac y sigo el olor del pan y el té. Hoy he comido pastel de carne, y le prometí a abuelita que nunca voy a olvidar su sabor.

El abuelo me llevó a pescar al estanque, y fue tan divertido. Me dijo muy serio que no debo ir yo sola, pero tengo que buscar un pendiente que se me cayó. ¡Me lo regaló papá! Iré después de que se acuesten los abuelitos y volveré en seguida. Me gusta andar a oscuras, tocando las paredes que parecen tener un corazón que late y me cuenta historias, y oír los silbidos del viento y la canción de los robles que casi llegan al tejado.

Ojalá me quedara para siempre en Jolly House.

 

Fin de Jolly house: La casa de la alegría.

Si no leíste su relato encadenado: Mourning house

El lempu (2 min)

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Me apetecía escribir un texto con sabor antiguo. He intentado aportar un enfoque y un tema contemporáneos. Del folclore disfruto más la belleza que su frecuente moralina, pero resulta difícil dotar a un relato corto del aroma a antigüedad sin cierto barniz ejemplarizante; espero que no haya sido excesivo.

Érase una vez, hace mucho tiempo, un príncipe que idolatraba a su madre, la reina. Hasta tal punto la amaba, que cuando ella enfermó nuestro príncipe se embarcó en la peligrosa búsqueda del objeto sagrado que podría sanarla.

—Atended los que estáis sentados junto al fuego, pues mi historia ya comienza: Seguir leyendo “El lempu (2 min)”

LA CITA

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Un pequeño homenaje en el día mundial de las bibliotecas.

Anoche soñé que volvía a la biblioteca; otra vez. Se adueñó de mí la urgencia de una cita ineludible. A las doce en “escritores extranjeros”, ante la “R” de Rudyard Kipling. Sombras ajenas conocidas espiaban mis pasos; ¿a quién le sorprenden las sombras en un sueño? El bibliotecario murmura admoniciones. Me entretengo en la sección de “Fantasía y ciencia ficción”, como tantas veces. Ni el motor del sueño me libera de esa rutina. Debo continuar. La impaciencia innegociable de los sueños me atenaza. He llegado. Suenan las campanadas. Ella no ha venido. Otra vez. La angustia me inunda como un fuego impío. ¿Y si no era aquí? ¿Si no era la hora? Recorro con los dedos los lomos de los libros. De pronto me desborda una carcajada hasta ahora contenida. ¿“R” de “Kipling”? ¿Acaso el sueño es un error? ¿O peor, una broma?
Anoche soñé que me despertaba en la biblioteca. Oigo las campanadas. Ella se acerca; sé que nunca se reunirá conmigo. Creo comprender. La cita es en tantas letras. No caben certezas. Sólo entretener la espera.

Hoy iré a la biblioteca.