Auld lang syne (Crónicas del Grinch II, 12)

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Por los viejos tiempos[1]

Queridos compañeros de estas Crónicas del Grinch 2018, ha llegado el momento de deciros adiós, al menos hasta el año próximo. A partir de ahora es tiempo de familia, es tiempo de Navidad.  Agradezco de corazón la atención que  habéis prestado a mis relatos. Significa mucho para mí. Me despido con un homenaje a una película muy especial, que vemos en casa todos los años.  Feliz Navidad y un Maravilloso Año 2019.

Que el bar estuviera tan lleno era bueno para la caja, pero malo para el negocio. Todas las nochebuenas sucedía lo mismo. Aunque este año solo habían venido dos autobuses de turistas chinos, y eso era algo que Nick agradecía. Resultaba agotador recordarles una y otra vez que estaba prohibido hacer fotos dentro del local. Seguir leyendo «Auld lang syne (Crónicas del Grinch II, 12)»

Santa baby (Crónicas del Grinch II, 11)

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Santa cariño[1]

De nada os mortificáis tanto como de los ardores de la carne. Y, por otra parte, nada os gusta más. Por esa chimenea caéis una y otra vez, a menudo rompiéndoos la cabeza. En fin, supongo que está en vuestra naturaleza. No me lo habéis pedido, pero os regalaré un consejo: al final, siempre acabaréis en el suelo, así que procurad disfrutar un poco.

Fernando era joven, atractivo y, por si fuera poco, encantador. Llegó a la oficina en septiembre, pero desde el primer día, las mujeres se lo rifaron. Antes de la cena de navidad se había acostado con la mitad de las empleadas, y solo Lucía, una cincuentona que llevaba toda la vida en la empresa, no había flirteado con él. Seguir leyendo «Santa baby (Crónicas del Grinch II, 11)»

Oh, little town of Bethlehem (Crónicas del Grinch II, 10)

Nativity sceneOh, pequeño pueblo de Belén[1]

El maltrato corroe nuestra dignidad como personas, y  la esclavitud que genera es una variedad del síndrome de Estocolmo. En los casos extremos, solo la muerte rompe las cadenas. A veces. Ahora es tarde, hace frío, y conviene que busquemos refugio para pasar la noche.

Pepe nunca había hecho algo así. María se esforzaba por contener el llanto. A Pepe lo enfurecía verla llorar, y ella no quería enfurecerlo. Sobre todo en su situación. Pero no lograba quitarse de la cabeza la imagen de aquel muchacho de la gasolinera, implorando de rodillas que no lo matara. Seguir leyendo «Oh, little town of Bethlehem (Crónicas del Grinch II, 10)»