DON LUIS

Un nuevo microrrelato, mi primera concesión al sentimentalismo en este blog. Es autobiográfico, aunque eso no hace al relato más real, ni su amor por los libros menos palpable.

Siempre que regreso al barrio visito a D. Luis. Él fue primero un paraíso de caramelos y cartulinas de colores. Luego, el olor a nuevo de los libros de texto y mis primeras lecturas. Un día con su sonrisa de hombre felizmente atareado me prestó la Odisea. Fue mi primera biblioteca. Cuando acabé el instituto me regaló el Ulises de Joyce. Empezaba entonces a navegar por la vida, a coleccionar  mis Troyas y mis primeros naufragios. D. Luis era también hijo de su época. Su mujer, apenas una sombra detrás del mostrador, desapareció un día, y un pariente sustituyó a D. Luis un tiempo. Años después, ya en la universidad, supe que ella había muerto de cáncer.

Siempre que regreso al barrio visito a D. Luis. Muchas veces no me recuerda. No le he dicho que su librería ya no existe, reemplazada por una tienda de teléfonos móviles. Entre la urdimbre de palabras y libros, a veces se cuela el recuerdo de su mujer, Marisa. Me cuenta entonces como ella dirigía la librería, y cuánto la añora.

Ayer fui a visitarlo y me dijeron que murió hace un mes.

Dejó una nota para mí.

«Ulises, debes regresar al barrio».

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