ALLÍ HUBO UN MÁGICO

Envié este microrrelato sobre un futuro postapocalíptico a un concurso. Era de una empresa que había instalado un ascensor de cristal con energía solar en el Palacio de Carlos V, en la famosa Alhambra de Granada. No resulté ganador. No basta una buena idea (supuesta, je je); hay que escribirlo bien y luego gustar al jurado. Reconozco que resulta un poco extraño, pero los microrrelatos me plantean inquietantes desafíos.

Allí hubo un mágico, decían.

Los muchiviejos querían subir a Lalambra. ¿Soñáis? Nosotros no elevamos viejos ni rotirrotos, les decían.

La ciencitienda se extinguió hace mucho. No hay maginergía. Cochemulos y burromotos son lo único que se mueve por las calles. De noche encendemos velas.

Ah, pero allí hubo un mágico.

Arriba.

Así que un día subí a Lalambra y lo vi y no lo vi. En el Laciomperador. En un hueco en la pared estaba y no estaba. El mágico. Me acerqué y toqué el aguapiedra. Frío, fuerte. Un rayo de sol lo señaló… ¡y el mágico se elevó! Sonreí. Ahora sé que nosotros sí elevamos sueños.

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