Un plato frío

pulpo vinagreta 5

La percepción que tenemos de nuestros merecimientos y deméritos resulta sospechosamente dependiente de la posición de fuerza o debilidad que detentemos en un momento dado. En fin, ahora os dejo, porque es la hora de cenar y de una magnífica canción (ver final del relato).

El todopoderoso consejero Kreenak lo recibiría; tenía que ser una señal. Los funcionarios llevaban meses enviando al reverendo Rufus de una ventanilla a otra, como un pedido devuelto a la cocina una y otra vez, alimentándose solo de buenas palabras, pero tras ese tiempo no estaba más cerca de su objetivo que cuando arribara al planeta Edeelim,   comisionado por los humanos supervivientes para interceder ante la administración de la Confederación.

Y de repente, cuando no le quedaba ninguna esperanza, el consejero Kreenak le concedía una audiencia privada, horas antes de la asamblea decisiva. Tenía que ser premonitorio.

Además, las cosas no podían empezar mejor. En lugar de obligarlo a utilizar un respirador, el alto funcionario le mostraba la deferencia de recibirlo  en una atmósfera de oxígeno, y era el mismísimo Kreenak el que se envolvía en una sustancia de aspecto gelatinoso que ondulaba con destellos sonrosados. El reverendo Rufus temblaba como un flan ante el previsible desenlace feliz de su embajada. Y pensar que nadie en Vegan daba un plato de mijo por el éxito antes de su partida.

—Adelante, Rufus, ¿verdad? Tome asiento, por favor.

La voz distorsionada de Kreenak lo devolvió a la trascendencia de la misión que lo había traído desde su planeta hasta el centro de la galaxia. El consejero lo contemplaba desde el otro lado de una mesa de estilo imperio, pero ni en aquellos ojos múltiples ni en las triples comisuras que convergían en lo que parecía un pico, pudo el reverendo auspiciar el estado de ánimo del dignatario. Aunque no era necesario, se tranquilizó, mientras examinaba la decoración del despacho. Lo que se rumoreaba sobre la fascinación del consejero por los humanos era cierto. Las paredes estaban recubiertas de cuadros con paisajes, retratos de personajes ilustres y escenas de la vida cotidiana en la desaparecida Tierra del lejano pasado. Infinidad de objetos, la mayoría de difícil utilización por las extremidades tentaculares de Kreenak, daban fe de la obsesión del consejero por todo lo referente a la especie humana. Con confianza renovada y esforzándose por controlar el temblor en la voz, el reverendo comenzó el alegato.

—Lord Kreenak, le agradezco que me reciba, especialmente cuando está a punto de intervenir en la asamblea. Me trae hasta aquí un asunto de trascendental importancia para la humanidad, a la que tengo el honor de representar, pero también atañe a la misma esencia de la justicia universal.

El reverendo escrutó el rostro inhumano del consejero, pero no descubrió nada que pudiera interpretar como un signo de aprobación. Cuando se decidía a continuar, un sonido como el borboteo de una marmita le llegó desde el otro lado de la mesa.

—Hay un largo viaje desde Vegan hasta aquí, mi querido reverendo Rufus. Dígame, ¿cuántos humanos sobreviven en el planeta?

—Apenas unos cientos de miles, excelencia. Es la principal razón que hace la propuesta de la Asamblea Galáctica,  cómo decirlo, de todo punto inaceptable.

—Me permito recordarle que estar al borde de la extinción —replicó Kreenak con un silbido de vapor—, no exime a una especie de ser catalogada como “No Sintiente”. La constitución galáctica así lo establece, y la historia de los últimos milenios así lo atestigua, por no hablar de la historia de los humanos, primero en su desaparecido planeta natal y luego durante su expansión a sangre, fuego, tenedor y cuchillo, por la galaxia.

—Pero eso fue hace mucho tiempo —suplicó el reverendo, preocupado por la dirección que adoptaba de repente la entrevista—. Hemos cambiado, seguimos la senda de la armonía, evitamos infligir sufrimiento. Vivimos en paz desde el final de la Guerra de la Liberación. Todas las delegaciones que visitan Vegan han dictaminado que mantenemos un estricto control de la población, nos alimentamos de vegetales, cumplimos las restricciones sobre desarrollo tecnológico. Si ahora la Asamblea nos recataloga como “No Sintientes”, usted sabe lo que ocurrirá. Hordas de cazadores  invadirán Vegan para conseguir su trofeo. No tendremos futuro. Significará nuestro fin.

—Vamos, vamos, mi querido Rufus, ¿a qué viene este dramatismo? —dijo el consejero, rodeando con una oleada de sustancia gelatinosa y aroma a laurel los hombros del humano—. Olvida que yo estoy de su parte. La propuesta no tiene sentido. ¿Los humanos seres no sintientes? Es absurdo. Además, hicieron grandes contribuciones a la ecúmene galáctica, y eso no puede ser olvidado. No debe olvidarse nada. Si bien es igual de cierto que una parte nada desdeñable de la humanidad exhibió otro tipo de comportamiento menos loable, hasta que fue convencida para que desistiera en la Guerra de la Liberación. Pero como usted dice, la especie humana ha cambiado y ahora es un miembro inapreciable de la Confederación Galáctica de Seres Sintientes. Insisto, no tiene porqué preocuparse, la propuesta no se aprobará. Así que ahora, mi querido reverendo, regrese a Vegan cuanto antes, informe en persona a sus paisanos de la buena noticia. No lo retrase ni un minuto. Le doy mi palabra de que la humanidad no dejará de ser tratada como merece.

El reverendo Rufus se despidió, entre lágrimas de felicidad y agradecimiento, y marchó en dirección a su hotel; pensaba partir ahora mismo hacia Vegan. Cuando se quedó solo, el consejero Kreenak accionó el mecanismo que cambiaría la atmósfera nociva de su despacho por la gelatinosa que le era propia. Entre bamboleos continuos de sus ocho extremidades, se demoró unos segundos en contemplar, a la veloz mirada de sus ocho pares de ojos, la colección de objetos antiguos. Los demás consejeros le recriminaban que aquella obsesión lo estaba humanizando. Él contestaba en broma que la afición le venía de los antiquísimos parientes que habitaron los océanos de la desaparecida Tierra, y que tan decepcionante relación habían mantenido con los humanos. Pero en el fondo sospechaba que tenían razón; al fin y al cabo, la voracidad sin límites y, sobretodo, la venganza quizás fueran los sentimientos más humanos.

Ahora debía apresurarse; tenía una propuesta que presentar en la Asamblea. Hubo de vencer algunas reticencias, pero finalmente contaba con apoyos más que suficientes. Aunque lo que de verdad le hacía no poder parar de ondular con todo su cuerpo y extremidades era la perspectiva del viaje que emprendería acto seguido de la votación.

Se relamió el pico al pensar que sería de los primeros en llegar a Vegan.

Fin de

Un plato frío

person holding two octopus
Photo by Elle Hughes on Pexels.com

Por la genial aportación de LA CASA DE ÓSCAR PERDOMO LEÓN.  aquí va este temazo. Muchísimas gracias, amigo Óscar.

Por cierto, Óscar es un artista monumental: cantautor, cineasta… y muchas cosas más. Su último video de un colibrí es encantador.

A fin de disipar cualquier duda: Sí, tengo la convicción de que el veganismo es lo correcto, y  aspiro a convertirme no solo de pensamiento sino también en la práctica. Dicho esto, y aunque devoro –perdón, ingiero– cada vez menos carne, pescado y demás productos del mar, estoy muy lejos de ese objetivo que, la verdad, no me veo con fuerzas para alcanzar. Por supuesto, soy comprensivo con otros posicionamientos filosóficos. En fin, si existe un dios de ocho tentáculos espero que me perdone, del mismo modo que yo intento perdonarme cada día.

8 comentarios en “Un plato frío

    1. Tienes razón. Son necesarios aportes de vitaminas y otros nutrientes, y para los niños por el momento no es recomendable. Y por supuesto es algo de sociedades ricas, que pueden elegir. Muchas gracias por pasarte y comentar, hablaré con Neekrak (KrakEen) para conseguirte un salvoconducto y que puedas sobrevivir en alguna reserva para humanos, o en un zoo, que el consejero tiene a veces unos prontos muy chungos 🐙🤪

      Me gusta

  1. Muy buen cuento de ciencia-ficción.

    Me gustó mucho este salto en el tiempo y la historia: “la historia de los humanos, primero en su desaparecido planeta natal y luego durante su expansión a sangre, fuego, tenedor y cuchillo, por la galaxia.”

    Excelente.

    No soy el mejor para aconsejarte, porque yo soy omnívoro, pero podrías empezar con ser sólo vegetariano: comés vegetales (obvio) y además queso y huevos (éstos últimos te aportan muy buenas cantidades de vitaminas y proteínas).

    (Como buen beatlemaníaco, no pude evitar pensar en Octopus’s Garden, la canción de The Beatles).

    Saludos desde El Salvador, en la América Central.

    Le gusta a 1 persona

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