Tren al Río de la Luz II (continuación)

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Esta es la continuación de Tren al Río de la Luz I.

–¡Ahora! —gritó el Emperador.

Sin decir nada más, sin siquiera cruzar una mirada, saltaron al interior de un vagón con la puerta entreabierta. El tren aceleró y los arrojó al suelo, y allí permanecieron sentados, en el vagón vacío, mientras la tarde caía en el exterior. El Emperador se mostró taciturno, sin compartir con el muchacho lo que pudiera saber sobre el tren y su destino. A veces parecía dormitar. Jesse lo imitó. 

El ruido de una trampilla lo despertó, y una figura se descolgó del techo. En la penumbra del vagón, enmarcado por la luz mortecina de un sol que agonizaba bajo el horizonte, Jesse vio a un joven mulato vestido con elegancia, de terrible belleza y cuyos ojos albinos parecieron fulgurar al mirarlo; luego se apagaron y se posaron en el Emperador. 

—Te presento a Elijah Du Desmodus —dijo Josh—. No has cambiado nada.

—En cambio tú, querido, tal como te advertí, ahora eres un anciano. 

Jesse los contemplaba embobado, como un niño que espía la conversación incomprensible de los mayores. El sonido de sus voces se amortiguó hasta que dejó de oírlos. 

La voz de Elijah, melosa pero firme, lo sacó de su ensimismamiento.

—¿Crees que trayéndome este delicioso presente —dijo señalando con indolencia a Jesse—, olvidaré que una vez rechazaste el don que ahora me suplicas? 

—Él no es ningún presente para ti —dijo Josh apretando los puños.

Una carcajada cristalina resonó en los oídos de Jesse, sin que Elijah moviera un músculo de la boca. 

—Sigues tratándome como si pudieras imponer tus condiciones, en eso no has cambiado. Te prometo que le dejaré elegir. Ahora debo regresar con los demás. Están inquietos. Es mejor que no os mováis del vagón. 

El mulato saltó con agilidad al techo, y desde allí se dirigió con semblante serio al Emperador. 

—Reconozco que deseaba volver a verte, Josh. Por eso estás aquí, pero hay cosas que ni siquiera yo puedo deshacer. Tu cuerpo no volverá a ser el de antes. Has esperado demasiado. Viajaréis con nosotros, recordaremos los viejos tiempos y llegado el momento te comunicaré mi decisión. 

Nada más cerrarse la trampilla, Jesse se desperezó, como si saliera de un largo sueño.

—Tenemos que hablar —dijo el Emperador. 

Le contó una historia tan increíble, que el gigantón tardó en aceptar que no soñaba. Elijah y él se conocieron en Georgia hacía muchos años, y luego se separaron, al parecer no de forma amistosa. Ahora que la depresión asolaba las antaño prósperas tierras del sur,  la gente culpaba a los que eran como Du Desmodus de todos sus males, y los perseguían y cazaban sin piedad. Por eso el mulato lideraba un convoy de supervivientes hacia el legendario Río de la Luz, en el lejano norte, un complejo sistema de cavernas iluminado por un río subterráneo de arenas fosforescentes. 

—Me siento viejo, muchacho —dijo el Emperador—, y me da miedo morir. He venido a unirme a Elijah y los suyos; pero este viaje no es para ti, tienes una vida por delante. Bajarás en la próxima parada.

Tal vez el chico de antes del crack del 29, con la mente llena de fantasías y romanticismos, le hubiera creído; pero Jesse llevaba casi un año en los caminos y no creyó ni una palabra de lo que Josh le acababa de contar.  Tampoco pensaba discutir con él. Desde hacía semanas el Emperador daba muestras de enajenación creciente. El último episodio hasta ahora había sido su decisión de dirigirse al norte, contraria al sentido común y a todas las enseñanzas que le había inculcado. Aquel delirio de ríos subterráneos y vida eterna era demasiado. Además, desde que el influjo de Elijah desapareciera, un pánico atroz le oprimía el pecho y solo pensaba en abandonar el tren cuanto antes. A saber qué clase de locos habitaban los otros vagones. Por nada del mundo hubiera aceptado continuar viaje, o al menos eso pensó hasta que conoció a Ligeia.

Continuará…

 

 

4 comentarios en “Tren al Río de la Luz II (continuación)

    1. È una storia ambientata nella Grande Depressione del 1929. Gli emarginati fuggono dalla persecuzione negli stati del sud verso un luogo leggendario nel grande nord. Le prime due parti sono brevi, solo 600 parole. La terza parte ed ultima poco più de mille parole. Grazie mille per il tuo tempo, cara Shera.

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  1. Pingback: Tren al Río de la Luz III (conclusión) – Peregrinos de la tierra en sombras

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