Adiós a la luz

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Vivimos huyendo de nuestros temores personales, aterrorizados por si un día se hacen realidad. Sin embargo, el devenir caprichoso de nuestra existencia nos enseña a menudo que aquello que más tememos no es lo peor que puede pasarnos. 

El pánico a no ver la luz de nuevo lo paralizó. Volvió a ser un niño en el funeral de su abuelo. Desafiado por sus primos, se había introducido en el ataúd. Había querido mucho a su abuelo, pero aquel cuerpo era el de un extraño; su insana gelidez lo aterrorizó. La tapa del ataúd cayó sobre él y todo fue oscuridad. Seguir leyendo “Adiós a la luz”

No soy yo. Eres tú

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Hay cosas que nunca cambian y otras que cambian demasiado. Pero siempre será una verdad universalmente aceptada que las relaciones pasan por momentos difíciles.

George aborrecía que Ari lo tratara así. En momentos como aquel odiaba, más que nunca, ser incapaz de abrazarla y que ella tampoco lo hiciera. Habían pasado tantas veces por lo mismo. Seguir leyendo “No soy yo. Eres tú”

Primavera

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Las cigüeñas han regresado, los dias se alargan palpablemente, los cerezos y almendros en flor. La naturaleza nos obsequia con un adelanto de la primavera, la época del renacer a la vida. 

El sol asciende por un cielo sin nubes y su luz destierra las sombras del parque. Una brisa suave mece la hierba y apenas levanta una onda en el estanque cercano.  Seguir leyendo “Primavera”

Rin Rin (Crónicas del Grinch II, 13)

Fruit merchant, vintage engraving.Hacia Belén va una burra[1]

Con este relato finalizan las “Crónicas del Grinch” de las Navidades de 2018. Las tradiciones nos confieren seguridad y bienestar, pero comportan siempre un sacrificio. A veces, sin embargo, cambiarlas puede ser la mejor opción, aunque ello signifique enfrentar un futuro de incertidumbre, al menos al principio. En cualquier caso, os deseo que nunca deje de fluir el chocolate. Feliz 2019 y hasta las próximas Navidades.

El rumor corrió como la crecida de un río en primavera, y la inquietud empapó a los lugareños, sin importar si eran jóvenes o viejos, ricos o pobres. Parecía imposible, pero en Hayedo[2] de la Sierra le habían negado la entrada. En Fresneda del Monte el párroco, un cura joven recién llegado de la capital, después de un sermón incendiario, lo había expulsado de la población. Seguir leyendo “Rin Rin (Crónicas del Grinch II, 13)”

Ven a mi casa esta Navidad (Crónicas del Grinch II, 3)

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Lo peor de la Navidad es el recuerdo de los que ya no están. Por otra parte, nos gusta pensar que es el momento de olvidar  las afrentas, los enfados, los desencuentros de todo el año o quizás de una vida. Lo importante es que nuestra mesa no esté vacía en Navidad.

—¿Has hecho todo tal como acordamos, Alf? —dijo el anciano de pelo blanco sentado en medio del salón sumido en sombras. Más allá de los cristales, la noche se vestía de luces de colores. Era nochebuena en la gran ciudad.

—Sí, Nikos. El sistema de defensa está desactivado —dijo el mayordomo dejando una botella de champán y dos copas sobre la mesa .

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El pequeño tamborilero (Crónicas del Grinch II, 2)

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El pequeño tamborilero[1]

El aroma a misterio y maravilla  tiene algo de adictivo para nosotros.  En su persecución arrostraremos cualquier riesgo, y nuestro corazón latirá acompasado al ritmo que nos señala el camino. Al fin y al cabo, como todo el mundo sabe, desde niños adoramos los tambores.

Tomás necesitaba aire fresco. Todavía faltaba media hora y contemplar las caras de los otros le suponía una tortura. No soportaba aquella expresión de consuelo y desesperanza. Normalmente lo sobrellevaba bastante bien, pero hoy era la primera nochebuena.

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Jolly house (1 min)

 

mansion antigua
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¿Quién no ha deseado ser niño para siempre?

Amado diario:

A veces querría que la guerra no acabara nunca. Sé que eso no lo piensan las niñas buenas, pero si dejan de tirar bombas sobre Londres papá y mamá volverán a buscarme, y yo quiero vivir en Jolly House con mis abuelitos para siempre.

Por la mañana el sol me despierta y yo aprieto los ojos y veo figuritas brillantes. Luego abro la ventana y saludo a Rhys que saca a las vaquitas. Después bajo las escaleras que hacen crac-crac y sigo el olor del pan y el té. Hoy he comido pastel de carne, y le prometí a abuelita que nunca voy a olvidar su sabor.

El abuelo me llevó a pescar al estanque, y fue tan divertido. Me dijo muy serio que no debo ir yo sola, pero tengo que buscar un pendiente que se me cayó. ¡Me lo regaló papá! Iré después de que se acuesten los abuelitos y volveré en seguida. Me gusta andar a oscuras, tocando las paredes que parecen tener un corazón que late y me cuenta historias, y oír los silbidos del viento y la canción de los robles que casi llegan al tejado.

Ojalá me quedara para siempre en Jolly House.

 

Fin de Jolly house: La casa de la alegría.

Si no leíste su relato encadenado: Mourning house