Oh, Tannenbaum/ oh, árbol de Navidad (Crónicas del Grinch II, 9)

Golden sands and dunes of the desert. Mongolia.

El abeto de Navidad[1]

Enloquecidos por algún espíritu travieso, jugamos a la guerra desde el amanecer de los tiempos. La sangre de nuestros compañeros empapa la arena, mientras viajamos de un oasis a otro, convencidos de que es la única forma de hacerlos florecer en medio del desierto. A veces, al llegar al oasis, descubrimos que era solo un espejismo. ¿Un abeto en medio de las dunas? Imposible.

Aquellos rumis[2] estaban locos. Todos ellos. Alemanes y británicos por igual. Locos como poseídos por djinns. Podía entender que la fecha, víspera de Navidad, tan especial para ellos, los alterara. Pero parecían haber olvidado que estaban en guerra, y que solo unos minutos antes estaban dispuestos a matarse sin piedad.

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Wake me up before you go go/ Last Christmas (Crónicas del Grinch II, 8)

The electric train car inside(Despiértame antes de irte[1]/ La pasada Navidad[2])

Los seres humanos nos empecinamos en racionalizarlo todo. Es por eso que nuestra civilización domina a los demás seres vivos del planeta. A veces pienso que estamos embarcados en una huida a ninguna parte, donde lo único que tenemos claro es a donde no queremos volver, como si intentáramos dejar atrás a nuestros sentimientos. Algunas personas no son así.

De repente, las cosas se desplazaban ante sus ojos a velocidad normal. Durante mucho tiempo la realidad había sido algo borroso que sucedía al otro lado de la ventanilla, mientras ella viajaba en un vagón de tren vacío. Le resultó curioso no haber pensado antes en ello. La velocidad había sido la clave todo el tiempo. Seguir leyendo “Wake me up before you go go/ Last Christmas (Crónicas del Grinch II, 8)”

Corre, Rodolfo, corre (Crónicas del Grinch II, 7)

Santa Claus Mugshot

Nadie sobrevive incólume al ejercicio cotidiano del mal. Ni siquiera los mejores. Al final el corazón de las tinieblas nos atrapará, si no conseguimos apartarmos antes de que sea demasiado tarde. O si no nos ayuda alguien en el último momento. Esta introducción ha resultado demasiado tétrica, pero como espero que digan en Luisiana, esto es lo que hay.

—El día que me entregaron la placa fue el más emocionante de mi vida. Tenía mucho que aprender, pero me hacía una idea aproximada de las dificultades que me aguardaban. Hoy en día, en cambio, los agentes salen de la academia del FBI sin saber una mierda. Seguir leyendo “Corre, Rodolfo, corre (Crónicas del Grinch II, 7)”

Es tiempo de Navidad (Crónicas del Grinch II, 6)

toy soldier royal guard

(It’s Christmas time[1]/ In the army now[2])

La Navidad es  una época de consumismo exacerbado y ostentación. Pero quiero pensar que no es solo eso.  Llamadme ingenuo, pero yo la veo como el momento para la buena voluntad, la compasión y la celebración familiar.  ¿No podría ser también, un tiempo para la libertad?

Los Guardianes de la Mesura no entraban en el campus de la Complutense desde los disturbios del Jolgorio del Exceso de hacía diez años. El Timonel[3] de la Meseta los había hecho desfilar por Madrid, que no hollaban desde el sangriento advenimiento de la República de la Equidad, como una demostración de fuerza destinada a poner fin a la revuelta. Pero en respuesta, los estudiantes levantaron barricadas y las redes sociales clandestinas ardieron con llamamientos a la resistencia.

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Winter Wonderland (Crónicas del Grinch II, 5)

Elephant

Winter Wonderland[1]

Desde que Charles Dickens escribiera A Christmas Carol, la imagen de la Navidad septentrional ha conquistado el mundo.  Paseos en trineo a través de paisajes invernales de maravilla,  ponche caliente para combatir el frío  y villancicos. Sobre todo villancicos. Y si el cantante es Bing Crosby, mejor que mejor. ¿Quién no pagaría una montaña de diamantes a cambio de rodearse de semejantes Navidades? A no ser que seas un elfo y te toque trabajar, claro.

El comandante del jet presidencial anunció que en Santa Town[2] hacía un típico día invernal, nublado y con temperatura de  cuatro grados, aunque no se esperaban nuevas nevadas. Parson, que empezaba a salir del efecto de los sedantes, pensó que el piloto se hacía el gracioso.

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Los peces en el río (Crónicas del Grinch II, 4)

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Los peces en el río[1]

Hay personas que persiguen un sueño desde muy pequeñas. La cocina de la vida nos enseña que detrás de un buen guiso hay siempre mucho tiempo y esfuerzo, que hay cosas que debemos estar dispuestos a hacer antes de emplatar.  Muchas personas no lo aceptan y renuncian a su sueño. Pero algunas,  llegado el momento de la verdad, aprietan los puños y saltan al vacío, seguros de que el secreto está en la salsa.

Jordi Esquinat i Somport siempre había soñado con asistir al cóctel de navidad de La Pinta d’argent[2],referencia gastronómica obligada de la capital, del país y, según algunos críticos, del mundo entero en los últimos cuarenta años. 

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Ven a mi casa esta Navidad (Crónicas del Grinch II, 3)

New Year fireworks and champagne

Lo peor de la Navidad es el recuerdo de los que ya no están. Por otra parte, nos gusta pensar que es el momento de olvidar  las afrentas, los enfados, los desencuentros de todo el año o quizás de una vida. Lo importante es que nuestra mesa no esté vacía en Navidad.

—¿Has hecho todo tal como acordamos, Alf? —dijo el anciano de pelo blanco sentado en medio del salón sumido en sombras. Más allá de los cristales, la noche se vestía de luces de colores. Era nochebuena en la gran ciudad.

—Sí, Nikos. El sistema de defensa está desactivado —dijo el mayordomo dejando una botella de champán y dos copas sobre la mesa .

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