La felicitación de Navidad (III/III)

 

burning city

En la segunda parte de La felicitación de Navidad, dejamos a Rigoberto y Shira en el Pabellón de las Victorias, a punto de enviar una felicitación muy especial a los soldados del frente. Aquí tenéis la continuación y desenlace del relato.

Empezaba a anochecer. A una señal de Rigoberto, se encendieron las válvulas de vacío que rodeaban el pabellón. Las nervaduras de cristalferro que sostenían el edificio empezaron a resplandecer y el olor a ozono lo inundó todo. Seguir leyendo “La felicitación de Navidad (III/III)”

La felicitación de Navidad (I/III)

Hussars parading on horseback at the Lord Mayor's Show London

Siempre que se acercan estas fechas, Lothrandir se me pone sentimental, muy blandito, que se diría todo de algodón, vaya. Para que veáis que también tengo corazón, aquí  tenéis este relato de empatía navideña. Nunca habréis sentido nada igual.

A pesar del crucial servicio que estaba a punto de prestar al imperio, ni a Rigoberto ni a su hermana Shira les había sido permitido alojarse en palacio; ni siquiera en alguno de los pabellones de los jardines para invitados de rango menor.  Seguir leyendo “La felicitación de Navidad (I/III)”

Rin Rin (Crónicas del Grinch II, 13)

Fruit merchant, vintage engraving.Hacia Belén va una burra[1]

Con este relato finalizan las “Crónicas del Grinch” de las Navidades de 2018. Las tradiciones nos confieren seguridad y bienestar, pero comportan siempre un sacrificio. A veces, sin embargo, cambiarlas puede ser la mejor opción, aunque ello signifique enfrentar un futuro de incertidumbre, al menos al principio. En cualquier caso, os deseo que nunca deje de fluir el chocolate. Feliz 2019 y hasta las próximas Navidades.

El rumor corrió como la crecida de un río en primavera, y la inquietud empapó a los lugareños, sin importar si eran jóvenes o viejos, ricos o pobres. Parecía imposible, pero en Hayedo[2] de la Sierra le habían negado la entrada. En Fresneda del Monte el párroco, un cura joven recién llegado de la capital, después de un sermón incendiario, lo había expulsado de la población. Seguir leyendo “Rin Rin (Crónicas del Grinch II, 13)”

Auld lang syne (Crónicas del Grinch II, 12)

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https://www.larazon.es/cultura/por-que-que-bello-es-vivir-sigue-siendo-la-pelicula-de-la-navidad-PD17279215

Por los viejos tiempos[1]

Queridos compañeros de estas Crónicas del Grinch 2018, ha llegado el momento de deciros adiós, al menos hasta el año próximo. A partir de ahora es tiempo de familia, es tiempo de Navidad.  Agradezco de corazón la atención que  habéis prestado a mis relatos. Significa mucho para mí. Me despido con un homenaje a una película muy especial, que vemos en casa todos los años.  Feliz Navidad y un Maravilloso Año 2019.

Que el bar estuviera tan lleno era bueno para la caja, pero malo para el negocio. Todas las nochebuenas sucedía lo mismo. Aunque este año solo habían venido dos autobuses de turistas chinos, y eso era algo que Nick agradecía. Resultaba agotador recordarles una y otra vez que estaba prohibido hacer fotos dentro del local. Seguir leyendo “Auld lang syne (Crónicas del Grinch II, 12)”

Santa baby (Crónicas del Grinch II, 11)

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Santa cariño[1]

De nada os mortificáis tanto como de los ardores de la carne. Y, por otra parte, nada os gusta más. Por esa chimenea caéis una y otra vez, a menudo rompiéndoos la cabeza. En fin, supongo que está en vuestra naturaleza. No me lo habéis pedido, pero os regalaré un consejo: al final, siempre acabaréis en el suelo, así que procurad disfrutar un poco.

Fernando era joven, atractivo y, por si fuera poco, encantador. Llegó a la oficina en septiembre, pero desde el primer día, las mujeres se lo rifaron. Antes de la cena de navidad se había acostado con la mitad de las empleadas, y solo Lucía, una cincuentona que llevaba toda la vida en la empresa, no había flirteado con él. Seguir leyendo “Santa baby (Crónicas del Grinch II, 11)”

Oh, little town of Bethlehem (Crónicas del Grinch II, 10)

Nativity sceneOh, pequeño pueblo de Belén[1]

El maltrato corroe nuestra dignidad como personas, y  la esclavitud que genera es una variedad del síndrome de Estocolmo. En los casos extremos, solo la muerte rompe las cadenas. A veces. Ahora es tarde, hace frío, y conviene que busquemos refugio para pasar la noche.

Pepe nunca había hecho algo así. María se esforzaba por contener el llanto. A Pepe lo enfurecía verla llorar, y ella no quería enfurecerlo. Sobre todo en su situación. Pero no lograba quitarse de la cabeza la imagen de aquel muchacho de la gasolinera, implorando de rodillas que no lo matara. Seguir leyendo “Oh, little town of Bethlehem (Crónicas del Grinch II, 10)”

Oh, Tannenbaum/ oh, árbol de Navidad (Crónicas del Grinch II, 9)

Golden sands and dunes of the desert. Mongolia.

El abeto de Navidad[1]

Enloquecidos por algún espíritu travieso, jugamos a la guerra desde el amanecer de los tiempos. La sangre de nuestros compañeros empapa la arena, mientras viajamos de un oasis a otro, convencidos de que es la única forma de hacerlos florecer en medio del desierto. A veces, al llegar al oasis, descubrimos que era solo un espejismo. ¿Un abeto en medio de las dunas? Imposible.

Aquellos rumis[2] estaban locos. Todos ellos. Alemanes y británicos por igual. Locos como poseídos por djinns. Podía entender que la fecha, víspera de Navidad, tan especial para ellos, los alterara. Pero parecían haber olvidado que estaban en guerra, y que solo unos minutos antes estaban dispuestos a matarse sin piedad.

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