La juventud y la madurez, el idealismo y la experiencia, la ira y la paz. ¿Son entidades reales o solo metáforas con las que pretendemos capturar lo inexplicable? En todo caso, están condenadas a entenderse, aunque para ello siempre haya que pagar un precio, que es solo otra metáfora. Quizás también lo sea la Navidad.
El villancico se oyó más fuerte al apagar el motor.
Aquí estoy de nuevo, como cada Navidad, y vengo con más relatos navideños transgresores, o como mínimo atípicos. Son ideas que me bullen en la cabeza y hasta que no las extirpo en forma de relatos no me dejan dormir.
Como sabéis se trata de relatos sin relación entre ellos salvo que tienen como germen inspirador un villancico, un Christmas Carol (adoro las canciones navideñas anglosajonas y alemanas). Intento escribir uno cada día, preferiblemente antes de dormir, con poca o ninguna edición. Espero que os entretengan.
PS: por si queréis visitar los relatos de Crónicas del Grinch 2017, aquí tenéis el enlace: Forever Christmas Eve.
A veces querría que la guerra no acabara nunca. Sé que eso no lo piensan las niñas buenas, pero si dejan de tirar bombas sobre Londres papá y mamá volverán a buscarme, y yo quiero vivir en Jolly House con mis abuelitos para siempre.
Por la mañana el sol me despierta y yo aprieto los ojos y veo figuritas brillantes. Luego abro la ventana y saludo a Rhys que saca a las vaquitas. Después bajo las escaleras que hacen crac-crac y sigo el olor del pan y el té. Hoy he comido pastel de carne, y le prometí a abuelita que nunca voy a olvidar su sabor.
El abuelo me llevó a pescar al estanque, y fue tan divertido. Me dijo muy serio que no debo ir yo sola, pero tengo que buscar un pendiente que se me cayó. ¡Me lo regaló papá! Iré después de que se acuesten los abuelitos y volveré en seguida. Me gusta andar a oscuras, tocando las paredes que parecen tener un corazón que late y me cuenta historias, y oír los silbidos del viento y la canción de los robles que casi llegan al tejado.
Un microrrelato ambientado en la infancia, esa época en que las más aterradoras experiencias pueden revestirse de misterio y belleza, dejando huella en la arcilla blanda de nuestro espíritu.
Me apetecía escribir un texto con sabor antiguo. He intentado aportar un enfoque y un tema contemporáneos. Del folclore disfruto más la belleza que su frecuente moralina, pero resulta difícil dotar a un relato corto del aroma a antigüedad sin cierto barniz ejemplarizante; espero que no haya sido excesivo.
Érase una vez, hace mucho tiempo, un príncipe que idolatraba a su madre, la reina. Hasta tal punto la amaba, que cuando ella enfermó nuestro príncipe se embarcó en la peligrosa búsqueda del objeto sagrado que podría sanarla.
El relato que sigue es un homenaje a la reciente pérdida sufrida en nuestra familia las pasadas Navidades. Es también un homenaje a las ferias ambulantes que conocieron nuestros padres y por supuesto, a Ray Bradbury. La infancia es el territorio en el que desarrollamos nuestra sensibilidad para el misterio y la maravilla. Sin ella, el recorrido por la vida sería mucho más triste y aburrido. Pero ese aprendizaje no está exento de dolor. Ojalá un niño siga siendo un niño aunque se encuentre a años luz de la Tierra, en un futuro lejano.
Baby it’s cold outside (Cariño hace frío afuera)[1]
Este es el último relato, pero el penúltimo post de las Crónicas del Grinch 2017. He disfrutado mucho de compartirlas con vosotros. Nos trasladamos al norte, durante el «Blitz», los bombardeos masivos sobre Reino Unido entre 1940 y 1941. Estamos en Navidad, por supuesto, y el relato va de la pérdida, los reencuentros imposibles y la búsqueda desesperada de un poco de calor en nuestra existencia tantas veces miserable y devastada.Seguir leyendo «Baby it’s cold outside (Cariño hace frío afuera)»→
(Lyman ha dejado a Frank en compañía de la misteriosa Claire, y ha marchado con el abuelo del chico para enfrentarse a la llegada de un peligro desconocido).